MANAGEMENT HUMANISTA: o cómo conseguir que la gente quiera trabajar en tu proyecto truño
En el STEM Women Congress hablé de algo que a muchos managers les parecería un sueño: que la gente quiera trabajar en tu proyecto… incluso si es un completo truño.
Y sí, todos hemos tenido uno.
Esos proyectos con poco glamour, sin retos técnicos, funcionalidad muy difícil de comprender, abstractos y con tecnologías que ya no deberían existir. Un proyecto feo y hostil.
La pregunta es: ¿por qué hay equipos que, incluso en esas condiciones, funcionan bien y están motivados?
El secreto no es el proyecto, es el management
Hace ya un tiempo, hablando con mi amiga chatGPT, descubrí que el management humanista era una corriente que encajaba a la perfección con mis valores y mi forma de trabajar como manager. Si bien no existe un consenso claro sobre una definición única o prácticas específicas que sirvan como sus distintivos1, el management humanista parte de una premisa sencilla: las personas no son piezas intercambiables. El quién importa tanto como el qué.
En el mundo clásico de la gestión de proyectos, el trabajo se asigna pensando en horas y coste (¿cuántas personas voy a necesitar?, ¿de qué precio?), no en motivación, encaje o propósito. El problema es que cuando reduces a las personas a “recursos”, estás minando la motivación y la implicación desde el minuto uno.
El management humanista hace lo contrario:
- Elige a las personas adecuadas para ese reto concreto. No necesariamente las mejores sobre el papel, sino las que encajan como equipo.
- Fomenta la autonomía, el dominio y la finalidad (los tres elementos de la motivación intrínseca).
- Escucha y actúa: detecta problemas de equipo y bloqueos antes de que se enquisten.
- Pone el aprendizaje por encima de la formación obligatoria, fomentando el crecimiento de las personas.
Mi proyecto “truño”
En mi charla conté la historia de un equipo al que llegué como Project Manager, en un proyecto que, objetivamente, no era el más atractivo: herramientas arcaicas (UltraEdit como editor de código), tecnología antigua (GO TO), procesos poco ágiles y una aplicación muy difícil de entender.
Pero hice algo: ganarme su respeto y su confianza.
¿Cómo? Con transparencia, autoorganización, multifuncionalidad, motivación y coaching.
No cambié el proyecto. Cambié cómo se sentían trabajando en él.
Y cuando las personas sienten que su trabajo es valorado, que tienen voz y que cuentan con un manager que los respalda, hasta un proyecto truño puede tener fans. ¡Otras personas de la empresa me escribían porque querían trabajar en él!
Lo que aprendí
El management humanista no es llevar manolitos ni hacer team buildings con paintball.
Es crear un entorno donde la gente quiera quedarse.
Donde incluso en un proyecto complicado, el equipo piense: “Aquí me escuchan. Aquí puedo crecer, aprender. Aquí merece la pena dar lo mejor”.
Y eso, créeme, no tiene precio.